La confianza en la industria farmacéutica

Parece que negocio y salud son dos conceptos difíciles de integrar. En el caso de la industria farmacéutica esta dificultad radica en que no se produce un bien privado, sino un bien público: la salud.
Para complicar aún más la cuestión, la reputación del sector se ve dañada por diversos escándalos que saltan a la esfera pública, como por ejemplo: las enfermedades ad hoc – para las que tenemos el medicamento y nos falta la enfermedad -; la relación entre las patentes y los países en desarrollo, el problema del sida en África, la opacidad de muchas de las investigaciones, etc. Todas estas cuestiones construyen un clima de desconfianza, producen una erosión continuada de la confianza por parte no solo de los consumidores, sino también de las propias administraciones y, sobre todo, de la opinión pública. La industria farmacéutica tiene problemas de credibilidad, su legitimidad siempre está puesta en duda, y por lo tanto necesita emprender un gran esfuerzo para poder hacer frente a este reto que es la perdida continuada de confianza.
Dos razones básicas impulsan la desconfianza por parte de la opinión pública. La primera, es el gran poder que tienen estas compañías. Un poder difícil de concretar y, por tanto, de controlar. No sabernos ni quién, ni dónde, ni el por qué se toman unas decisiones que van a afectar a todos los ciudadanos. La segunda hace referencia directamente a la ética, pues este poder no está, ni muchos menos, a la altura de su responsabilidad. Si la responsabilidad tiene que ser proporcional al poder, es normal que la sociedad civil desconfíe de un sector que no se caracteriza precisamente por la transparencia.
¿Cómo pueden entonces las industrias farmacéuticas recuperar la confianza del público en el sector? Desde la ética empresarial entendemos que existen tres pasos básicos que estas empresas deberían dar en la dirección de un nuevo diseño institucional capaz de gestionar y recuperar la confianza necesaria para que tanto la sociedad como el mercado vuelvan a confiar en su, hoy más que nunca, necesaria contribución.
El primer paso se centra en la gestión ética de esta responsabilidad. Recordemos que la responsabilidad se refiere a la capacidad de respuesta que tiene la empresa frente a los diferentes grupos de interés. En este sentido, una industria es responsable cuando es capaz de responder de aquello que se espera de ella, cuando es capaz de integrar el beneficio económico con el social y el medioambiental, cuando es capaz de atender a todos los intereses en juego. Gestionar esta responsabilidad desde un punto de vista ético, esto es, desde el compromiso de la empresa y no sólo desde su instrumentalización, implica primero que todo definir cuáles son estos compromisos en un código ético que, como documento formal, presente el carácter de la empresa, su apuesta por la responsabilidad en este caso.
En segundo lugar, debe comunicarse el cumplimiento alcanzado de estos compromisos públicos. Nos referimos a los llamados informes de responsabilidad social o informes de sostenibilidad, que siguiendo una metodología específica, informan de todo aquello que la empresa ha aportado a la sociedad. Pero estos informes pueden servir también para ocultar la realidad y, por desgracia, la injusticia.
De ahí que el tercer paso en esta progresiva generación de confianza lo constituyan los Comités de Ética y Responsabilidad Social Corporativa (CERSC). La idea que desarrollamos desde la ética empresarial es que en la elaboración de estos informes de responsabilidad social, se incorpore la participación de los diferentes grupos de interés. De esta forma, los diferentes stakeholders no son simplemente grupos de receptores pasivos de una información elaborada y preparada de antemano, sino que puedan de alguna forma intervenir tanto en la aportación de información, como en la elaboración de la misma, así como en el seguimiento y control de toda esta comunicación.
Por último, siempre debemos recordar que responsabilidad significa siempre co-responsabilidad. Si queremos recuperar la confianza en un sector clave para el desarrollo social debemos implicar también en esta mejora a las administraciones públicas, como primeros clientes, así como a las asociaciones de consumidores, profesionales sanitarios, etc. Es muy difícil que estas empresas puedan generar confianza si no se trabajan estas tres ideas: los códigos, las memorias y los comités de ética.
Publicado en el Periódico Mediterráneo el 28/11/10

La responsabilidad social se afianza en la Comunidad Valenciana, a pesar de la crisis

 El concepto de responsabilidad social empresarial va calando en el lenguaje empresarial valenciano, como muestra que el 51,7% de los empresarios afirmen conocer este concepto. El aumento en el conocimiento respecto a los datos de 2006, casi un 20%, se ha producido en gran medida en las empresas de menor tamaño, las pymes valencianas, que hoy, y pesar de la crisis, tienen un conocimiento mayor de estos temas. Así lo afirma la 2ª edición del ERSE-Observatorio de Ética y Responsabilidad Social, Comunitat Valenciana 2009, presentado en Valencia por la Fundación ÉTNOR, y en el que se ha recogido la opinión de más de 800 empresarios, trabajadores, clientes y sociedad en general.

La contrapartida de este dato se encuentra en un elevado desconocimiento de la RSE entre la sociedad valenciana. Sin embargo, aunque un 71% de los valencianos no han oído nunca hablar de RSE, sí identifican las prácticas concretas que determinan un comportamiento empresarial responsable, como pueden ser la conciliación laboral, la igualdad de oportunidades, la protección del medio ambiente o la atención al cliente.

Uno de los cambios más significativos respecto a la primera edición del ERSE en 2006 se encuentra en el cambio de dirección en la comprensión de la RSE, entendida mayoritariamente hoy en día como una mejora de la gestión. La cuestión que habrá que comprobar en el futuro es si esta aproximación se da por una gestión ética comprometida o, por el contrario, es una respuesta cortoplacista a un tema que está de moda.

Varios datos de esta investigación apuntan a una postura de la sociedad más crítica y desconfiada, que sigue situando la publicidad, el “para vender más”, como una de las motivaciones principales de las empresas para abordar estos asuntos. Precisamente la exigencia de transparencia y comunicación por parte de la sociedad es otra de las conclusiones principales de este estudio. Una exigencia de comunicación que se corresponde con una positiva valoración por parte del empresariado de comunicar los asuntos relativos a la RSE. Un 65,4% de los empresarios creen que es adecuado comunicar las acciones desarrolladas en materia de RSE, y en concreto cerca de un 70% de los empresarios valencianos valorarían muy positivamente la creación de un Registro de buenas prácticas empresariales o un Certificado de empresa socialmente.

Otro de los aspectos donde difieren ampliamente empresa y sociedad es el de la cantidad de empresas que en la actualidad están implantando la RSE. De nuevo la sociedad se muestra crítica, afirmando un 69,7% que son pocas o ninguna las empresas que lo implantan, frente a un 56,1% de los empresarios que afirman que son bastantes o muchas.

En cuanto al papel que la Administración Pública debe tener para fomentar la RSE tanto empresa como sociedad destacan las ventajas fiscales y las subvenciones. Sin embargo, ninguno de los grupos de interés entrevistados cree que aplicarse la responsabilidad social a la propia administración sea fundamental para el avance de la RSE en nuestra Comunidad.

Frente a ello, el equipo de investigación que ha desarrollado el Observatorio ERSE, dirigido por el Catedrático de Ética Empresarial Domingo García-Marzá, recomienda la aplicación de la RSE a la Administración Pública o la integración de las clausulas sociales en las compras públicas como pasos fundamentales para el avance de la RSE.

ERSE-Observatorio de Ética y Responsabilidad Social, Comunitat Valenciana 2009.
El estudio tiene por objetivo ofrecer un diagnóstico de la situación de la ética y la responsabilidad social (RSE) como base para desarrollar e implementar políticas y planes de acción en este ámbito. Para ello ha analizado la opinión de más de 800 empresarios y directivos, trabajadores, clientes y sociedad en general al respecto.

Entre las características específicas de este estudio destacan los siguientes aspectos:

– El análisis se centra en las pequeñas y medianas empresas

– Parte de un concepto plural de empresa: tiene en cuenta la opinión de todos los grupos de interés

– Sitúa la comunicación de la RSE como un elemento intrínseco a la propia RSE y clave para su desarrollo. Para analizar cómo las empresas están comunicando sus avances en RSE se han analizado las páginas web de las 108 empresas más grandes de la Comunidad conforme a diez indicadores: códigos éticos, informes de sostenibilidad, valores éticos, políticas con proveedores, etc.

Los datos de esta investigación, recogidos a finales de 2009, ofrecen, de manera indirecta, un análisis de la repercusión que la crisis ha tenido en el avance de la responsabilidad social.

La Fundación ÉTNOR
La Fundación ÉTNOR es una fundación sin ánimo de lucro que tiene como objetivo principal promover la ética y la responsabilidad social en la actividad económica y en las organizaciones e instituciones públicas y privadas.

Desde 1991 ÉTNOR desarrolla actividades encaminadas a este fin a través de la difusión y sensibilización de la importancia de la ética en las organizaciones; la formación de profesionales; la investigación y la asesoría ética.

ÉTNOR ha llevado a cabo proyectos con distintas empresas y organizaciones: Códigos éticos, Memorias de RSE/ Informes de Sostenibilidad, Dirección por valores, Auditorías éticas, creación y seguimiento de Comités de Ética, Planes de igualdad, Informes de Buen Gobierno, etc.

Estudio completo [ver]

Stefano Zamagni: ¿Es posible compaginar la competitividad de la empresa con la felicidad?

[Seminario ofrecido en la Fundación Étnor]
Tuve la oportunidad de conocer a la profesora Adela Cortina en Buenos Aires hace unos meses y fue un descubrimiento para mí importante el comprobar que teníamos intereses académicos, científicos e intelectuales en común. Quisiera, por tanto, en primer lugar agradecer a Adela Cortina y a D. Emilio Tortosa la invitación recibida por parte de la Fundación ÉTNOR para estar hoy con ustedes, y así también conocer mejor esta comunidad autónoma y su cultura.

El tema que voy a tratar, como muy bien ha anunciado la profesora Adela Cortina, es la relación entre la felicidad y la empresa, y el gobierno de las empresas. Actualmente es un tema bastante nuevo y estoy seguro de que en los próximos años se va a desarrollar más.

1. La paradoja de la felicidad
Voy a empezar con un fenómeno denominado en la literatura científica internacional la “paradoja de la felicidad”. En 1975 en Estados Unidos el economista Richard Easterlin ingenió una curva ya famosa en todo el mundo, después de mucho trabajo empírico, estadístico y econométrico: poniendo el ingreso per cápita en el eje horizontal, y un indicador de felicidad en el eje vertical. ¿Cómo se puede determinar un indicador de felicidad? Entre los parámetros objetivos de calidad de vida se tiene en cuenta el consumo de psicofármacos, la ruptura de matrimonios, suicidios, etc.; los parámetros subjetivos se basan en encuestas, preguntando a las personas acerca de su experiencia. Su equipo elaboró un algoritmo para sintetizar éstos parámetros, relacionando el indicador de felicidad con los ingresos per cápita. Lo que se obtiene es una curva creciente hasta que el nivel de ingresos per capita alcanza los 28.000 $ anuales, después la curva empieza a decrecer ligeramente, lo que significa que a partir de un determinado punto, con mayores ingresos per cápita va a disminuir la felicidad. Esto es hoy conocido como la “paradoja de la felicidad” (Paradoja, es una palabra griega y significa una cosa que maravilla, que uno no puede deshacer)
¿Es posible compaginar la competitividad de la empresa con la felicidad? A los economistas nos han enseñado que la riqueza, los ingresos, son en buena medida factores de aumento de la felicidad. Es verdad, pero hasta el vértice de la curva del Cuadro 1. Los países pobres están en la parte izquierda de la curva, su infelicidad radica en la falta de dinero suficiente para comer, para
estudiar, etc. No sé si somos felices en los países del mundo occidental avanzado, pero en Estados Unidos hoy los ingresos per cápita están alrededor de 38.000 dólares, en Italia de los 29.000 euros.
La paradoja de Easterlin no despertó gran interés en 1975, a pesar de ser una cosa curiosa. Sin embargo, hoy es un problema preocupante de orden filosófico, si nos planteamos cuál es la legitimidad política, social y cultural de un sistema económico que es muy tajante en producir ingresos, servicios y cosas, pero a costa de ir disminuyendo la felicidad media.
El 2005 en la Unión Europea de los quince se suicidaron 62.000 personas. ¿Qué significa esta cifra y quiénes son los que se matan? No son en general los pobres, porque éstos mantienen la esperanza de futuro; los que se suicidan son quienes tienen más poder adquisitivo y todas las cosas que desean, pero carecen del sentido de la vida. Este dato es preocupante porque va en aumento anual y ya es superior al número de personas que mueren en accidentes de trabajo. Los políticos y gobiernos tienen medidas para impedir este tipo de accidentes, y eso es bueno, pero el número de los que se suicidan es todavía superior.
2. Legitimación del sistema e interpretaciones de la paradoja
Entonces hay que ver cómo se legitima socialmente un sistema económico extraordinariamente productivo, pero que no hace que las personas estén contentas y felices. Desde la filosofía es una cuestión importante, pero también lo es desde el punto de vista económico. Daniel Kahneman fue Premio Nobel de Economía por desarrollar esta paradoja y ya advirtió que el dinero es importante para nuestra felicidad, pero hay otras que también lo son. Existen tres interpretaciones en la literatura contemporánea de esta paradoja.
a) Daniel Kahneman
Lo que se llama el efecto “tapis roulant”2 o en inglés “treadmill”, en español sería “lo que ocurre siempre”, en el mismo círculo. Aplicado a la paradoja significa que fácilmente nos acostumbramos a un nivel de vida y cuando el ingreso aumenta no se aumenta la utilidad, como bien saben todos los economistas.
b) El efecto Debble
La segunda explicación está ligada a lo que se conoce como “efecto Debble”, original de un economista y sociólogo americano, muy ligado a la contribución de Hirsh, economista inglés que destacó por tener una visión muy interesante en el desarrollo de la teoría de los bienes posicionales. Para explicar la posicionalidad (la felicidad puede disminuir cuando los ingresos aumentan) Hirsh alude al problema de la “envidia social”: siempre vamos a envidiar a quienes están por arriba; queremos obtener siempre más no para cubrir nuestras necesidades, sino para posicionarnos en la escala social.
c) La “felicidad relacionada”
La tercera explicación, con la cual quiero contribuir junto con otros investigadores de diferentes partes del mundo, es lo que se llama la “felicidad relacionada”.
Puedes seguir leyendo este post en el libro del XVI Seminario de Ética Económica y Empresarial de la Fundación Étnor, pp. 61 – 74 [ver]

Educar en la Responsabilidad Social

Carmen Ferrete, 17/12/10
¿Cómo promover la responsabilidad social a través de la educación? No sólo educamos a personas para ser profesionales, también educamos a futuros ciudadanos, a futuros consumidores y porqué no a futuros empresarios.

Aunque la educación cívica tiene una larga historia y tradición, sin embargo en España hace apenas dos años ha comenzado a preocupar en el Parlamento y a ocupar los titulares en los medios de comunicación. ¿Por qué este creciente interés? Dentro de nuestras fronteras el debate comienza cuando la última Ley Orgánica de Educación establece como obligatoria la asignatura de Educación para la Ciudadanía. Entonces en España asistimos a un espectáculo lamentable que convirtió un asunto de interés general en un asunto partidista.

El rechazo a la nueva disciplina desde algunos sectores de la sociedad se da porque no se tiene claro el significado de ese saber llamado ética, que no es lo mismo que moral o ni mucho menos, moralina. La ética se ocupa de valores objetivos y universales. Ese conjunto de principios éticos compartidos sobre los que necesariamente tiene que asentarse la democracia, porque se trata de valores que permitan el pluralismo moral dentro de un marco de convivencia común y justa.

Es más fácil de lo que parece ponerse de acuerdo en determinados valores éticos. Y es que nos ha costado muchos siglos aprender: que la paz es preferible a la guerra, la libertad a la esclavitud, el saber a la ignorancia, que no es admisible el maltrato, la violencia o la explotación laboral. Se trata de mínimos compartidos que necesariamente hay que transmitir y trabajar en las aulas. Del mismo modo que se enseñan los contenidos universales y objetivos de las asignaturas de matemáticas, física o historia.

Realmente el origen de la asignatura se sitúa fuera de nuestras fronteras, en concreto en las diferentes resoluciones de la Unión Europea a partir de 1996. La reflexión entonces se iniciaba con una constatación: los valores cívicos están en crisis. El resultado, un déficit en la conciencia cívica democrática. Por eso Europa reclama al sistema educativo aborde contenidos como la democracia y sus valores éticos, los derechos humanos, la resolución dialogada de conflictos.

La educación es el bálsamo eficaz para todo tipo de dolencias, es verdad, pero tiene un gran problema, es una medida muy lenta. Pero, a mi juicio, es la más eficaz, sin obviar por supuesto otras medidas necesarias como las jurídicas, administrativas, penales, policiales, etc. Por eso los educadores no podemos actuar solos y mucho menos a contracorriente (que es lo que hacemos con frecuencia en las aulas).

Educar para la responsabilidad es una responsabilidad de todos, no sólo de los docentes. Por eso es necesaria una reflexión conjunta desde todas las instancias sociales y promover un consenso acerca del tipo de ciudadano que necesitamos. Yo creo que podríamos ponernos de acuerdo en el siguiente modelo de ciudadano: concienciado, autónomo, crítico, creativo, activo, participativo, solidario y, como consecuencia de todo ello, responsable (con capacidad de responder a los retos del mundo global).

Educar en la responsabilidad cívica consiste en un doble juego de, por un lado, conciencia y prácticas democráticas y, por el otro, la actuación y el compromiso colectivo de mejora de la realidad. Por eso educar ciudadanos y más aún ciudadanos cosmopolitas no es posible sólo por la vía racional es necesaria la vía vivencial, la puesta en práctica de trabajos que conlleven un progreso moral.

Los futuros profesionales, ciudadanos y empresarios que necesitamos también tienen que estar empoderados en una serie de virtudes que hasta hace bien poco pertenecía exclusivamente al ámbito de la moral individual. Virtudes cívicas como la empatía (el ser capaz de ponerse en el lugar de los otros); la compasión (la sensibilidad necesaria para el cuidado de lo humano y no humano); la motivación para iniciar la acción y la transformación hacia un mundo más justo; y la responsabilidad ante sus decisiones y comportamientos.

Para finalizar ¿qué legitimidad tiene una democracia sin ciudadanos o, dicho de otro modo, una democracia con ciudadanos sin democracia?

Artículo publicado en el Periódico Mediterráneo el 29/11/09

I Congreso Nacional de Filosofía Práctica o Aplicada (Universitat de Barcelona)

 Los días 18, 19 y 20 de abril de 2011 se celebrará en la Universitat de Barcelona el I Congreso Nacional de Filosofía Práctica o Aplicada. En esta ocasión uno de los ejes temáticos del Congreso será «El filósofo en la empresa».

El I Congreso Nacional de Filosofía Práctica o Aplicada del estado español quiere mostrar de qué manera y en qué ámbitos los profesionales de la filosofía están desarrollando actividades vinculadas con su formación. Convencidos de que no cabe reducir (ni confundir) la práctica de la filosofía con el trabajo docente que se efectúa en los centros de enseñanza, ya sean éstos escolares o universitarios, deseamos dar a conocer aquí las distintas experiencias que se están llevando a cabo de aplicación de los conocimientos y las herramientas propias de la filosofía en la actualidad, para intervenir en diferentes espacios sociales aportando reflexiones y soluciones a los problemas que se plantean. Nuestra sociedad requiere profundizar en su actual concepto de democracia participativa, y ello requiere, sin lugar a dudas, de una ciudadanía no sólo comprometida e informada, sino también capacitada para analizar con espíritu crítico su propia realidad, dispuesta a entablar un diálogo constructivo y cooperativo con sus conciudadanos, y abierta al examen personal desde una dimensión ética y existencial.En la contribución de dicho objetivo, la filosofía sigue jugando hoy (y ha de seguir haciéndolo), un papel imprescindible.

El envío de comunicaciones/talleres está abierto hasta el 10 de enero de 2011. Más información en la web del congreso: http://www.congreso.afpc.es/index.php

Para presentar una comunicación / taller: enviar un resumen (600-800 palabras) antes del 10 de enero a JMendez@afpc.es. Se confirmará la aceptación de las comunicaciones y talleres antes del 31 de enero.

RS en la Red: Información, Divulgación y Debate

Dilnéia Couto, 13/12/10
La RS (Responsabilidad Social) como tema de emergente actualidad en los contextos globales de debate y reflexión, viene ganando en los últimos tiempos muchos espacios para su difusión y fortalecimiento en el ámbito social. Lo cual indica que estamos ante una temática de indudable interés para muchos de los internautas.
De ahí que nos encontramos con que los nuevos medios son hoy el espacio por excelencia de información, divulgación y debate sobre la RS. La necesidad acuciante de información y formación sobre los temas alrededor de la responsabilidad social estimula la creación de ‘redes de conocimiento’ que se instalan en Internet como soporte, lo cual se ha trasformado en la actualidad en la herramienta por excelencia para la creación de espacios de debate público o, sino para la creación, como minimo para el estímulo a este debate.
Frente a este panorama nos encontramos con innumerables blogs, diarios informativos, redes sociales o comunidades de redes sociales en las que el tema gira en torno a la responsabilidad social. Algunos ejemplos serian: Comunidad ÉTNOR (red social), un espacio de diálogo e intercambio de información creado por la Fundación ÉTNOR (para la ética de los negocios y las organizaciones) y que ya cuenta con más de un centenar de miembros de los diferentes lugares del mundo; Noticias RSE (Espacio de información sobre desarrollo sostenible), un blog donde se pueden encontrar informaciones de destacada relevancia sobre temas de RSE; Diario Responsable (Claves para la gestión responsable), un diario informativo donde encontramos información, noticias de opinión y debates alrededor de la RSE, ISR, etc.
A sabiendas de que esta tan escueta lista de medios es sumamente mediocre frente al enorme potencial de espacios que encontramos actualmente en la red, nos comprometemos a lo largo de los proximos días a ir publicando listas sobre espacios similares de divulgación y encuentro en red. Puesto que, informar, debatir y crear comunidad alrededor de la RS es uno de los objetivos principales de este blog.
Sin embargo, y volviendo al tema central , lo que refleja esta ola informativa sobre RS es que, en primer lugar, existe una importante demanda de información de calidad sobre estos temas y que, en segundo lugar, estamos frente a un fenómeno que parece imparable a pesar de todos los problemas: la RS. La labor de crear las herramientas (intelectuales e informáticas) para el debate es un serio compromiso con la divulgación de información veraz sobre la temática, lo cual favorece a la formación de espacios plurales de debate en donde todos podamos ser participes de la construcción de – por parafrasear Adela Cortina – «una sociedad más justa y más feliz».

Pfizer y los cheque bebe

Patrici Calvo, 10/12/10
“Qué poco vale una vida humana” es lo que debió pensar la multinacional farmacéutica Pfizer cuando, en abril de 2009, negoció y llegó a un acuerdo con el gobierno de Nigeria para evitar ser juzgada por las desastrosas consecuencias de los ensayos clínicos que realizó con 200 niños de ese país: 11 muertos y un centenar con graves e irreversibles secuelas.

Hoy sabemos, gracias a Wikileaks, que en 1996 la farmacéutica utilizó a 200 niños de Kano (Nigeria) como cobayas para probar uno de sus medicamentos contra la meningitis: el Trovan. También sabemos que ocultó lo resultados del ensayo para evitar que el fármaco fuera retirado del mercado. Y finalmente, sabemos que tan solo hicieron falta 75 millones de dólares (57 millones de euros) para hacer olvidar al gobierno nigeriano, a los fiscales de la causa, y a los familiares de los afectados los graves hechos acaecidos [ver informe].

Tal vez la cifra pueda parecer abultada para alguno, sin embargo es en extremo ridícula comparada con la cantidad que se solicitó en un primer momento (2.000 millones de dólares), con el volumen de negocio que mueve la farmacéutica, y con las indemnizaciones millonarias que ha tenido que desembolsar en otros casos por malas prácticas (como fue el caso del desinflamatorio Bextra). Cabe recordar, además, que uno de sus fármacos, el Lipitor, facturó sólo en 2004 10.862 millones de dólares.

Pero más allá del baile de cifras, la gravedad del asunto estriba, en primer lugar, en la inmoralidad de resolver conflictos que atentan contra los derechos humanos mediante prácticas disuasorias que van, desde la coerción a fiscales hasta la compra de silencio mediante dinero, como así desvelan The Guardian y El País en sus publicaciones de esta mañana. Y en segundo lugar, en la inmoralidad de no respetar los derechos fundamentales de las personas, atentando contra su vida o su integridad física, psíquica y moral. Es lícito hacer negocio con la salud, pero existen mínimos morales exigibles para todo el mundo que no pueden ser despreciados bajo ninguna circunstancia. Los derechos humanos forman parte de éstos, y saltárselos trae consigo el aumento de la mala reputación de la empresa, la desconfianza de los stakeholders y la deslegitimación de su actividad, hechos que pueden afectar directamente a su capacidad para el logro del beneficio económico y para la perdurabilidad de su actividad.

Y luego está el tema de la RSE, a la cual Pfizer se acerca con descaro a pesar de los reiterados escándalos por malas prácticas. Principalmente porque confunde, como suele ser habitual entre muchas de las grandes empresas, responsabilidad social con acción social.
Responsabilidad social viene de responder, y tiene que ver con cómo la empresa responde de aquello que se espera de ella, de, en definitiva, en qué medida satisface las expectativas legítimas de sus stakeholders –trabajadores, directivos, proveedores, entorno, sociedad, Estado, clientes, accionistas, generaciones futuras, etc-. Entre estas expectativas, evidentemente, se encuentra el respeto escrupuloso por los derechos humanos, hecho que no parece merecer consideración alguna por parte de la multinacional a tenor de las últimas noticias.

Como Pfizer, muchas empresas creen hacer responsabilidad social porque realizan obras sociales. Sin embargo, eso no es responsabilidad social, sino acción social. La diferencia es que la acción social no se vincula con cómo se consigue el beneficio, si ha sido generado de forma responsable o no, sino con qué se hace con parte de él. Las dos cosas son loables, pero no deben confundirse. No distinguir correctamente ambos conceptos produce que empresas que obtienen grande cantidades de dinero a base de explotar a los trabajadores, emplear niños, ejercer prácticas monopolísticas, discriminar por razón de raza, sexo o religión, o incluso llegar a utilizar seres humanos como cobayas, crean legitimar su actividad acudiendo a la donación de cuantiosas sumas dinero a fundaciones y organizaciones “non profit”.
Lo que parece claro es que el divorcio entre la sociedad y la industria farmacéutica es cada vez más visible. Ciertamente es un error generalizar, señalando como culpable todo el colectivo. Muchas de las empresas vinculadas llevan décadas realizando una labor importantísima para la toda la sociedad y de manera ética y responsable. Sin embargo, noticias como ésta y la destapada hace tan sólo dos semanas [ver] deterioran enormemente la imagen del sector y producen secuelas negativas tanto para los responsables directos -faltaría- como para el resto de sus componentes.
Tal vez la clave podría estar en empezar a tomar medidas para “diferenciarse”, en generar la trasparencia necesaria que permita a una empresa farmacéutica responsable -la mayoría- desmarcarse de aquellas que llevan a cabo malas prácticas y deterioran la imagen de todo el colectivo. Esta diferenciación podría venir de mejorar la trasparencia, de mejorar la comunicación entre la empresa y la sociedad, tanto en lo referente a los canales utilizados como en la calidad de la misma información que se ofrece a sus diferentes stakeholders.
En todo ello debería tener un peso específico la generación de códigos éticos y memorias de responsabilidad, pero, sobre todo -como apuntaba García Marzá en una de sus últimas intervenciones– la implantación e implementación de comités éticos que sirvan como órganos de verificación de la información, como mecanismo de control que se preocupe de que lo que se dice y lo que se hace es coherente. Ello mejoraría la confianza de los stakeholders y permitiría a la empresa construir poco a poco esa necesaria diferenciación de mercado que redunde tanto en el logro del beneficio estratégico como comunicativo, en la generación de aquellos recursos morales sin los cuales difícilmente se puede sobrevivir en una economía tan competitiva como la actual.
Ser transparentes y que esta transparencia sea creíble para sus stakeholders, puede ser un arma muy importante para mejorar las perspectivas de la empresa, tanto estratégicas como comunicativas, evitando sobre todo que las malas prácticas de unas deterioren la buena imagen de las otras.
Pero volviendo a Pfizer, creo que esta es una buena semana para volver a ver esa maravillosa película de Fernando Meirenes basada en una no menos maravillosa novela de John LeCarre: El jardinero fiel. Tal vez ahora encontremos la historia mucho más cercana a la realidad de lo que en un principio nos hicieron creer sus autores. Y es que, como se suele decir, la realidad siempre acaba superando a la ficción.

La igualdad de género, asignatura pendiente en el Consejo Administrativo del IBEX 35

 La organización Ad Talentia realizó por segundo año consecutivo un estudio sobre el «Presente y Futuro de las Mujeres en los Consejos de Administración del IBEX 35». Entre las conclusiones sacadas destacan que sólo 10 de las 35 empresas del IBEX 35 superan los 15% de mujeres en el Consejo de Administración. Además, el nunero de mujeres en el Consejo del IEBX 35 no supera las 11% del total de consejeros.
Más información en:

http://addtalentia.com/images/prensa/informes/informe%20add%20talentia-2010.pdf

«Ética de los Medios. Una apuesta por la ciudadanía audiovisual»

 Ética de los Medios. Una apuesta por la ciudadanía audiovisual, coordinado por Jesús Conill y Vicent Gozálvez, es un libro que recoge un conjunto de trabajos de autores tales como: Adela Cortina, Justo Villafañe, Domingo García-Marzá, Jesús Conill y Vicent Gozálvez. Su principal objetivo es reflexionar y aportar razones para el cambio de paradigma que deben realizar los medios de comunicación. Entre los temas que trata están: la construcción de la ciudadanía audiovisual; el valor de opinión pública y el derecho a la información; el sentido de los códigos deontológicos y del profesionalismo comunicativo; la ética de la publicidad, entre otros. Todos ellos vistos siempre desde la perspectiva de una ética de la comunicación. (Barcelona, Gedisa, 2004).

RSC y Universidad

José Félix Lozano, 03/12/10

 El pasado 24 y 25 de junio se celebró en New York la conferencia mundial del Global Compact en la que participaron más de mil personas entre políticos, directores de ONG´s, académicos y líderes del mundo empresarial.

Uno de los temas centrales y más discutidos durante esos dos días fue el papel de las escuelas de negocios y de la educación superior en el desarrollo de la responsabilidad social y la sostenibilidad. La impresión general no es buena. El director general de sostenibilidad de ACCENTURE para Europa, África y Latinoamérica – Peter Lucy – presentó los resultados de un informe en el que se afirmaba que el 93% de los 800 directores ejecutivos consultados reconocían que el tema de la sostenibilidad está en su agenda de forma prioritaria y que será clave para el éxito empresarial. Tras este primer dato, claramente positivo, viene el negativo. Peter Lucy también afirmaba que las Escuelas de Negocios y las universidades todavía no habían entrado de lleno en el tema de la sostenibilidad. Y esto tiene dos consecuencias muy negativas: una es que es difícil encontrar personas especializadas, y otra es que hay un considerable retraso en el desarrollo de herramientas de gestión de la sostenibilidad y la responsabilidad corporativa.

El ciclo de evolución de cualquier tema social – la ecología, el multiculturalismo, el acoso moral, etc. – es básicamente el mismo: primero unas pocas personas empiezan a hablar de él y a generar debate y opinión; después llega a las universidades y centros de formación, se hace teoría sobre él, se sistematiza y se empiezan a desarrollar mecanismos para su gestión; y en tercer lugar se expande socialmente en palabras y hechos. En este camino también ha entrado la responsabilidad social corporativa. El problema es que el segundo paso avanza muy despacio y otras instituciones están tomando el relevo de las universidades en esa tarea de reflexionar, sistematizar e innovar. No es malo que otras organizaciones (cámaras de comercio, fundaciones, empresas, etc.) tomen la iniciativa; lo que es malo es que el mundo académico siga mirando para otro lado. Por eso el curso de verano organizado por la UJI y dirigido por el profesor D. García-Marzá y la profesora Elsa González ha sido tan valioso.

Reflexionar sobre la aportación de la responsabilidad social corporativa en la tarea del diseño institucional es clave para la construcción de una sociedad justa. Confiar sólo en la buena voluntad de las personas es una ingenuidad irresponsable. Tenemos que ser conscientes que a todos nos influye mucho la dinámica de las instituciones con las que convivimos (empresa, familia, escuela, administración de justicia, partidos políticos, etc.); y que estas instituciones tienen que funcionar de acuerdo a una serie de principios coherentes con las exigencias éticas de las personas. Es decir, es un vano esfuerzo pedir a la gente que cumpla las normas, que sea imparcial, que respete a otras personas, que responda de sus decisiones, que diga la verdad, etc. si las instituciones en las que trabaja y vive no actúan en la misma dirección. Incluso en ocasiones incentivan y premian comportamientos que van en otro sentido.

La responsabilidad de las instituciones está en lo que hacen y en cómo lo hacen; la legitimidad de las instituciones públicas reside en los fines que persiguen y en los medios que utilizan para alcanzarlo. Como muy bien recordó el premio Nobel de economía, A. Sen, en cuestiones del bien público no basta con el resultado final sino que hay que optar por el resultado global. Y esto también es válido para las universidades. Las instituciones de formación superior debemos reflexionar muy seriamente sobre nuestra misión, sobre lo qué hacemos, y también sobre cómo lo hacemos. Diseñar universidades responsables tendría un doble impacto en el fomento de la RSC, por un lado porque transmitiríamos la responsabilidad en la formación de los futuros directivos y líderes empresariales; y por otro, porque el propio funcionamiento responsable de la universidad haría una gran aportación a la construcción de una sociedad más democrática y justa.

José Félix Lozano es profesor Titular de Escuela Universitaria de ética y cooperación al desarrollo en la UPV (Valencia) y profesor invitado de la Universidad de Zittau (Alemania)